Cajera
Cuando llega mi turno dejo en la cinta el producto que he comprado. Y la miro a los ojos. La cajera se pone colorada. Me cobra el paquete de chicles mientras me sonríe tímidamente.
Todas las mañanas espero inquieto el momento de ir al supermercado solo para verla.
Desde que tengo turno de noche apenas coincidimos en casa.